Testimonios

30-12-2017
Mi hija nació con frenillo lingual. En el hospital de Aranda me lo dijeron a las pocas horas, y enseguida se lo cortaron. Sin embargo la lactancia no iba bien, yo tenía grietas muy dolorosas y era un suplicio. Salí con pezoneras del hospital. Y con algún biberón también, pese a que yo no quería. Pero me dolía demasiado.
Mi cuñada había estado en la Consulta de Lactancia cuando nació mi sobrino hace año y medio, así que le pedí el teléfono y me decidí a ir. Fuimos mi marido y yo, y la consulta duró casi tres horas. Le estoy muy agradecida a Luisa porque hasta el día de hoy nadie me ha dedicado tanto tiempo ni a mí ni a mi niña en ninguna consulta médica. Me quedé impactada la verdad de que haya tantas cosas que puedan influir positiva o negativamente en la lactancia, no tenía ni idea de que hubiera tantas cosas que saber. ¡Nadie nos cuenta esas cosas en los cursos de preparación al parto! Y dudo mucho que mi matrona ni siquiera tenga la mitad de información de lo que nos contó Luisa en la consulta. 
Bueno, el caso es que el trato fue muy bueno y te estoy por ello agradecida, ya lo sabes. Y al final se juntaron una serie de cosas pero sobre todo el frenillo de Alba, que no estaba bien cortado. Cuando nació según he sabido después se le cortó sólo la parte de la punta, pero Alba tenía un frenillo submucoso, de los que están atrás, y nadie en el hospital supo verlo. Luisa nos puso en contacto con el doctor Briz de Madrid, y como tengo seguro privado sí nos entró la intervención. A Briz también le estamos muy agradecidos. Fue salir de la operación, que duró 5 minutos, y desaparecer los dolores. Ya sé que no siempre es así, pero en nuestro caso funcionó porque apenas tenía 15 días y además Luisa nos hizo unos ejercicios específicos de terapia miofuncional antes de la operación que han venido muy bien. Después del corte nos enseñó a hacer otros ejercicios y a hacer los que nos dijo el cirujano. Y la lactancia de Alba ha ido fenomenal desde entonces. Yo os recomendaría ir a un especialista si teneís problemas porque es una ayuda estupenda. 

Patricia G. Mamá de Alba




Hace ya un par de años que Luisa me atendió, y la verdad es que fue como ver una luz al final del túnel. Yo quería un parto normal, sin mucha medicación, pero quería anestesia epidural pues me daba pánico el dolor. Y cuando llegó el momento me puse tan nerviosa, y tardaba tanto en dilatar que  decidieron hacerme una cesárea. Yo gritaba y gritaba que no, fue horrible, pero estaba nerviosísima y la situación me pudo y al final me hicieron una cesárea con anestesia general. No voy a decir nada más de lo mal que me sentí tratada en el hospital. Todo eso hizo que cayera en una gran depresión postparto, y cuando por fin pude ponerme a Daniel al pecho, me hizo grietas desde el principio. La leche tardaba en subir,  mi disgusto con el trato no se pasaba, y las visitas me dejaron cao.
A los 5 días fui a casa, con los pezones casi colgando de las heridas que tenía. Y los biberones entraron en casa claro. Yo sentía algo dentro como que no quería los biberones, y de hecho era mi novio quien se los daba porque yo me sentía culpable. Culpable por todo, hasta de haberme puesto nerviosa y haber tenido un horrible parto que me robaron por completo. Y ahora culpable de tener poca leche o de que mi hijo no la pudiera sacar. Y culpable por darle biberón.

Fue el día que fui a la revisión de los puntos, el primer día que me sentí con algo de fuerza para salir a la calle, que me encontré con una chica que había coincidido conmigo en alguna de las clases de preparación al parto del centro de salud. Y comentándola que estaba muy mal y que iba a tirar ya la toalla porque mis pezones eran carne viva, me dijo que ella había ido a donde Luisa. Bueno, yo no sabía quién era la verdad, ni había oído hablar de ella. Pero me planteé la posibilidad de ir.

Jo, y menos mal que lo hice. Ahora no me arrepiento, y me da rabia no haber sabido que podía haber ido antes, o que podía haber hecho una consulta prenatal antes de dar a luz.

Cundo llegué a la consulta me pareció tan bonita y llena de luz, que ya me dio buen rollo la verdad. Aunque íbamos un poco escépticos, todo hay que decirlo.
Pero el trato fue muy bueno, e incluso me desahogué y acabé llorando. Luisa me entendió y me atendió. Y me sentí muy bien. Conseguí hacer una toma sin dolor y no me lo podía creer. Y Daniel por primera vez se soltó solo y satisfecho (bueno, con el bibe sí lo hacía, pero no al pecho). Para mí fue un poco como si hubiera hecho magia.

Fueron casi tres horas de consulta y los euros mejor pagados la verdad.

Luego en casa me dio el bajón, pero ella ya me avisó de que igual me pasaba. Esa noche le di un par de bibes. Pero al día siguiente es como si reseteáramos e intercambiando unos cuantos WhatsApps con Luisa fui mejorando poco a poco. En un par de días estaba bien y todo encauzado. 
Te estoy muy muy agradecida Luisa, y siempre me acordaré de que me ayudaste. Muchas gracias.

Laura, mamá de Daniel. Aranda




Me indujeron el parto y hubo complicaciones que hicieron que terminara en cesárea. Me sentí muy triste cuando me lo dijeron, pero mi abatimiento aumentó cuando me enseñaron a mi hijo un solo segundo después de nacer. Ni siquiera pude abrazarlo, besarlo, acariciarlo, sentirle, tal y como yo había soñado tantas veces. Y después, me llevaron a la UCI a recuperación, sin él.
La lactancia, que yo había imaginado como «nuestro momento madre-hijo» se complicó porque no pudimos empezarla tan pronto como yo quería.
¡Y encima estaban las molestias de la operación! Al principio le daba el pecho tumbada, pero cuando me recuperé un poco, me resultó más fácil hacerlo sentada en un sillón. Tuve grietas e inflamaciones y más de una vez me planteé pasar al biberón. Por suerte, encontré a Luisa cuando estaba de asesora en el grupo de apoyo y me ayudó a superar las complicaciones del pecho. Sus consejos y el apoyo de mi marido, y la cara de satisfacción con la que me miraba David mientras mamaba me animaron a seguir. Superados estos problemas, la lactancia se convirtió en una experiencia única que nunca olvidaré y que duró más de tres años. Las dificultades se superan con constancia y amor. 
Yolanda, mamá de David. Aranda.


Tengo diabetes tipo I, así que Jana, mi primera hija, nació por cesárea después de intentar un parto vaginal. Solo pude verla unos segundos y se la llevaron. Tardamos unas cuantas horas en volver
a reencontrarnos y la puse al pecho de inmediato. Pero no se enganchaba y estábamos tan cansadas que nos dormimos. Para rematar, se puso amarilla y se la llevaron para tratarle la ictericia.
Mientras estuvo ingresada, iba tres o cuatro veces al día para darle el pecho en la postura de caballito (sentada con ella sobre mi a horcajadas, no me dolían los puntos y a ella le gustaba). Además, me sacaba la leche para que se la dieran con biberón. Nos dieron el alta a los siete días. Gracias al consejo de una amiga contacté con Luisa en el grupo de lactancia que nos fue guiando en todo el camino. Aprendimos nuevas posturas, tuve que usar pezoneras y una crema para las grietas y costó que la niña empezara a ganar peso. Pero a partir de los dos meses todo comenzó a ir como la seda. Su hermana Vera también nació por cesárea pero la intervención fue mu y rápida y mi recuperación también. Estuvo con su padre, haciendo piel con piel mientras yo iba a recuperación y cuando llegué a la habitación, se enganchó a la primera. Hoy sigo dando el pecho a las dos en tándem.
Julia, mamá de Jana y de Vera

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